
Este es un país de modas. En cualquier ámbito y rubro. Recuerdo la moda del paddle, la del shopping, la de vivir en countryes, la de ir a cenar a puerto Madero en la primer cita, la del Casino flotante, la de vacacionar en el sur, la del sushi, la de leer a Coelho (a Cohelho!!) traslada en los últimos tiempos a Osho (salimos de Guatemala… ) y la nueva: Serrat-Sabina, Sabina-Serrat: dos pájaros de un tiro.
No es que tenga algo contra ellos, en absoluto, cualquiera sabe que mi romance con estos dos gallegos data de mi más tierna infancia con uno y de mi adolescencia con el otro. Pero cuando a los 16 se me ocurría poner algo de Sabina, más precisamente “Y nos dieron las diez” que fue el primer tema suyo que me impactó y me llevó a comenzar a conocer su discografía me adjudicaban el calificativo "grasa" (yo puedo ser cualquier cosa, menos grasa; no podría ser grasa ni queriendo…) y si intentaba poner algo del Nano (con quien tengo un romance más largo y a quien tuve la bendición de poder abrazar hace un año) huían despavoridos. Quienes? los que hoy son capaces de hacer colapsar un sitio web para comprar localidades para “Dos pájaros de un tiro”, esos mismos que inundan las calles con el volumen de sus stéreos a full a la vez que cantan (bue… ladran) todos los temas del CD, esos que se las tiran de fans a muerte pero en cuanto les haces escuchar un “sinceramente tuyo” o “el sur también existe” o “pongamos que hablo de Madrid” no tienen ni la más remota idea de que sus “ídolos” sobrepasaron con creces los quince o veinte temitas que ellos conocen y repiten hasta el hartazgo sin entender realmente lo que están diciendo…
Hace unos meses pasó algo similar con Pavarotti. De repente, luego de su muerte, había que escuchar al tenor incluso en esos negocios en los que hasta el día anterior ni siquiera se podía preguntar un precio sin sufrir un colapso nervioso provocado por el “punchi-punchi” que emanaba de sus mini componentes. Y la cosa tampoco es personal con Pavarotti (aunque a mi me guste más Plácido, obvio).
Lo que me molesta, lo que realmente logra vencer mi tolerancia es que esa gente sin criterio propio parafrasée a los dos pájaros como si profesaran algún tipo de culto, como si de repente se hubieran convertido a una nueva religión, y repiten siempre las mismas letras como esos testigos de Jehová que van de puerta en puerta simulando conocer la Palabra al dedillo cuando en realidad tienen memorizada una rutina…
En fin, supongo que cuando se ponga de moda pegarse un tiro, nos libraremos de muchos boludos…
*sin ningún tipo de antisemitismo, que quede claro, es un chiste popular.
No es que tenga algo contra ellos, en absoluto, cualquiera sabe que mi romance con estos dos gallegos data de mi más tierna infancia con uno y de mi adolescencia con el otro. Pero cuando a los 16 se me ocurría poner algo de Sabina, más precisamente “Y nos dieron las diez” que fue el primer tema suyo que me impactó y me llevó a comenzar a conocer su discografía me adjudicaban el calificativo "grasa" (yo puedo ser cualquier cosa, menos grasa; no podría ser grasa ni queriendo…) y si intentaba poner algo del Nano (con quien tengo un romance más largo y a quien tuve la bendición de poder abrazar hace un año) huían despavoridos. Quienes? los que hoy son capaces de hacer colapsar un sitio web para comprar localidades para “Dos pájaros de un tiro”, esos mismos que inundan las calles con el volumen de sus stéreos a full a la vez que cantan (bue… ladran) todos los temas del CD, esos que se las tiran de fans a muerte pero en cuanto les haces escuchar un “sinceramente tuyo” o “el sur también existe” o “pongamos que hablo de Madrid” no tienen ni la más remota idea de que sus “ídolos” sobrepasaron con creces los quince o veinte temitas que ellos conocen y repiten hasta el hartazgo sin entender realmente lo que están diciendo…
Hace unos meses pasó algo similar con Pavarotti. De repente, luego de su muerte, había que escuchar al tenor incluso en esos negocios en los que hasta el día anterior ni siquiera se podía preguntar un precio sin sufrir un colapso nervioso provocado por el “punchi-punchi” que emanaba de sus mini componentes. Y la cosa tampoco es personal con Pavarotti (aunque a mi me guste más Plácido, obvio).
Lo que me molesta, lo que realmente logra vencer mi tolerancia es que esa gente sin criterio propio parafrasée a los dos pájaros como si profesaran algún tipo de culto, como si de repente se hubieran convertido a una nueva religión, y repiten siempre las mismas letras como esos testigos de Jehová que van de puerta en puerta simulando conocer la Palabra al dedillo cuando en realidad tienen memorizada una rutina…
En fin, supongo que cuando se ponga de moda pegarse un tiro, nos libraremos de muchos boludos…
*sin ningún tipo de antisemitismo, que quede claro, es un chiste popular.

No hay comentarios:
Publicar un comentario