jueves, 30 de octubre de 2008

REALMENTE IDIOTA?

La felicidad es un estado momentáneo, más o menos frecuente, más o menos prolongado, más o menos intenso que se alcanza fugazmente. Nos guste o no.
La búsqueda de la felicidad es una tarea fútil si quien lo hace no se conoce. Cada quien la encuentra en diferentes sitios, pero para hallarla es preciso conocerse. Las personas que logran conocer y aceptar su propia esencia con absoluta franqueza saben en qué lugar o momento pueden encontrar el estallido de la felicidad, para que no ocurra lo que a Woody Allen, que “era felíz, pero no lo sabía”.

Durante la infancia, manifestamos nuestra felicidad sin ataduras, sin calcular que la euforia que nos provoca sea ridícula a la vista de los demás; somos como los Cronopios que bailaban tregua y catala en plena calle y hasta se caían por las ventanas de felicidad.
Luego, una “adultez” estúpida nos lleva a reprimir nuestras manifestaciones, a ser más discretos porque nos preocupa la mirada de los otros, nos preocupa que nos consideren “realmente idiotas” (1).

Buscar la felicidad como estado de gracia permanente es condenarnos a la frustración eterna. Eso sí es ser “realmente idiota”.



(1) CORTAZAR, Julio: “Hay que ser realmente idiota”. Ver en etiqueta MISCELANEAS.

miércoles, 29 de octubre de 2008

Los terapeutas sostienen que hay dos clases de personas: quienes aman y quienes se dejan amar.

Existe una tercer categoría: quienes no aman ni se dejan amar, quienes pasan su vida destruyendo todos los caminos que no quieren recorrer porque les falta el valor para aventurarse por el único que los conduciría a algún lugar.

viernes, 24 de octubre de 2008

DE NABOS Y COBARDES

Ayer una amiga llegó indignada! Resulta que, a través de terceros, tomó conocimiento de que alguien con quien salió hace tiempo y que la hizo sufrir horrores dedica su blog a dar “lecciones de ética, moral y buenas costumbres”, publicando ensayos con los que intenta expiar la culpa que siente por su mal comportamiento. Alertada de esto, leyó el blog y descubrió que varias de esas lecciones iban dedicadas indudablemente a justificar actitudes que tuvo con ella, incluso atribuyéndole culpas a mi amiga y a ciertos aspectos de su personalidad, sin dar nombres, por supuesto.

El sentido me pareció bastante inentendible, era mucho más simple decirle esas cosas a ella; entonces recordé una anécdota de mi época de estudiante, bastante similar aunque con finalidad diferente: mi compañero de estudio estaba fascinado con una chica de la facu, pero era medio nabo, y en lugar de pedirle el teléfono e invitarla a salir no tuvo mejor idea que publicar en la gacetilla del Centro de Estudiantes con la cual solía colaborar el poema “El amenazado” de Borges, que por lo demás es increíble!, pasando por alto que: a) no lo dedicó a ella especialmente; b) no mencionó su nombre en la colaboración; y c) la chica en cuestión no tenía por costumbre leer la gacetilla con lo cual nunca se enteró y ni siquiera nadie pudo decirle ”che, te dedicaron un poema…”. Años más tarde, coincidí en una reunión con esta chica y alguien mencionó al pasar a mi compañero de estudio, momento en el cual ella dijo “a mi me encantaba ese chico en la facu, pero pensé que era puto” (sic)!!!!!!!! No me atreví a mandarlo al frente.

Volviendo a mi amiga y su indignación, lo único que se me ocurrió decirle es que evidentemente el sujeto esta arrepentido o siente culpa por haber omitido dar en su momento las explicaciones que ahora publica, y aunque le faltó valor para poner las cartas sobre la mesa, seguramente ha estado enamorado de ella.

Mi amiga me aleccionó. Parafraseando a Silvio dijo “los amores cobardes no llegan a amores ni a historias, se quedan ahí”. (1)

Cualquier otro comentario sale sobrando.


(1) RODRIGUEZ, Silvio: en “Oleo de una mujer con sombrero” (la que le gusta a Tío Pablo!), no me acuerdo como se llama el álbum, es ese rojito en que participan Pablo Milanés, Víctor Heredia, Piero (Piero!!!! diría ct), el Cuarteto Zupai

GRANDINETTI… UN MAESTRO!

Darío Grandinetti (actor) estaba como invitado en un programa de cable en el cual se hablaba de futbol.
Luego de conversar durante un largo rato sobre su pasión y fanatismo ilimitado por la “banda roja que nos cruza el alma”, Fernando Niembro (periodista deportivo y conductor) le propuso ver un tape. El mismo mostraba una escena de la película “Esperando la carroza” en la que Grandinetti hacía el papel de un villero medio boludón. Estaba jugando un picado en un descampado (ni siquiera potrero) aspirante a basural y lucía una camiseta de boca (puaj!) que, además de ser 10 talles más chica, tenía agujeros varios y mugre de años.
Al volver a la mesa de debate, Niembro le pregunta de modo muy simpático cómo fue que un riverplatense a muerte como él osó usar esa camiseta en la filmación, a lo que Grandinetti, muy serio y con un dejo de soberbia ataraxia respondió: “y… pero… para ese papel… qué camiseta iba a usar!!…”
Jajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajaja!!!!!!!!!!

Grandinetti, le hacés honor a tu apellido!!!

lunes, 20 de octubre de 2008

SI ESTO NO ES AMOR, EL AMOR ADÓNDE ESTÁ?!

La siguiente pregunta fue formulada por Plinio Apuleyo Mendoza, y quien responde es su amigo Gabo:

"-Cúal es el personaje más sorprendente que has conocido?
-Mercedes, mi esposa." (1)

Cómo no voy a amarlo (y a envidiarla tanto a ella)!!!



(1) GARCÍA MARQUEZ, Gabriel: "El olor de la guajaba. Conversaciones con plinio apuleyo Mendoza"; Ed. Sudamericana; Bs. As; 1982; página 187 in fine

martes, 14 de octubre de 2008

LOS RECUERDOS-JOAN MANUEL SERRAT*

Los recuerdos suelen
contarte mentiras.
Se amoldan al viento,
amañan la historia;
por aquí se encogen,
por allá se estiran,
se tiñen de gloria, se bañan en lodo,
se endulzan, se amargan a nuestro acomodo,
según nos convenga;
porque antes que nada y a pesar de todo
hay que sobrevivir.
Recuerdos que volaron lejos
o que los armarios encierran;
cuando está por cambiar el tiempo,
como las heridas de guerra,
vuelven a dolernos de nuevo.
Los recuerdos tienenun perfume frágil
que les acompañapor toda la vida
y tatuado a fuego llevan en la frente
un día cualquiera, un nombre corriente
con el que caminan con paso doliente,
arriba y abajo, húmedas aceras
canturreando siempre la misma canción.
Y por más que tiempos felices
saquen a pasear de la mano,
los recuerdos suelen ser tristes
hijos, como son, del pasado,
de aquello que fue y ya no existe.
Pero los recuerdos
desnudos de adornos,
limpios de nostalgias,
cuando solo queda la memoria pura,
el olor sin rostro, el color sin nombre, sin encarnadura,
son el esqueleto sobre el que construimos
todo lo que somos, aquello que fuimos
y lo que quisimos
y no pudo ser.
Después, inflexible, el olvido
irá carcomiendo la historia;
y aquellos que nos han querido
restaurarán nuestra memoria
a su gusto y a su medida
con recuerdos de sus vidas.

*de su album "Versos en la boca"

ALECCIONADOR

Este diálogo se dio entre una de mis amigas que está tratando de superar el fin de una relación y otra que pasó por ello hace un tiempo:

A: cuando tuviste certeza de que lo tenías superado?
B: cuando necesitaba liberar espacio en mi casilla y pude eliminar todos sus mails.

Chan!!

Señal inequívoca.

Y me hago esta pregunta: por qué las personas en general (y en esto no hay distinción de sexos) guardan mails, cartas, “souvenirs” de relaciones terminadas? No me refiero a un fantástico anillo que nos regaló un ex, sino a “aquellas pequeñas cosas que nos dejó un tiempo de rosas…” (1) o de espinas que ya no existen.

Una de mis amigas dice que quienes hacen eso congelan mentalmente las situaciones en su mejor momento y se creen la fábula de que así siguen. Supongo que tiene bastante razón, y tal vez esté bueno por un rato divagar y fantasear que “todo está como era entonces, la casa, la calle el río…” (2), el problema surge cuando uno se queda varado ahí, y mientras tanto el mundo sigue, la vida sigue, en especial la de esa otra persona.

No voy a ser tan hipócrita de negar que también guardo “pequeñas cosas” como prueba concreta de algo que en algún momento me hizo felíz aunque ya no exista, pero lo de las cartas y los mails, que son medios en los cuales se expresan sentimientos que ya no son, no lo admito.

Claro que alimenta el ego saber que otra persona guarda cosas que ayudan a recordarnos, porque quiere recordarnos, pero eso no sirve para cambiar la historia.
El presente es este, y tiene suficientes cargas como para sumarle el vagage de cada cosa que no fue, o al menos no fue lo que esperabamos y deseabamos en otro tiempo. Además, como dice el Nano “Los recuerdos suelen contarte mentiras…” (3), aunque sea menos traumático hacer lo que sugiere Ismael Serrano cuando la relación termina: …“inventate el final de cada historia, que el amor es eterno (mientras dura)” (4).-



(1) SERRAT, Joan Manuel, en “Aquellas pequeñas cosas” de su álbum homónimo y versión en vivo en su álbum “En directo”
(2) ANDRADE, Olegario: en “La vuelta al hogar”.
(3) SERRAT, Joan Manuel; en “Los recuerdos” de su album “Versos en la boca”. Leer letra completa (in-cre-í-ble!!!) en etiqueta MISCELANEAS
(4) SERRANO, Ismael en “La extraña pareja” en su álbum “Atrapados en azul” y versión en vivo en su álbum “Principio de incertidumbre”

viernes, 10 de octubre de 2008

FERNANDO SAVATER

Un amigo acaba de mandarme esto que ya conocía pero es tan impresionante que decidí compartirlo con ustedes.



Me lo contaron hace años unos amigos italianos, que estuvieron de visita en San Sebastián. Tras una jornada de playa y gratos paseos, cenaron suculentamente en un asador de la parte vieja donostiarra. De repente, sobrecogedoramente, comenzaron a oír un coro que se les antojó celestial: entonaba nada menos que el "Va pensiero" de la ópera Nabucco, el clamor de los prisioneros por la libertad perdida y la nostalgia de la patria. Eran voces maravillosas, arrebatadoras, mágicas.
Es que de vez en cuando lo maravilloso puede asaltarnos la vida. Por azar, por arte, por una de esas coincidencias que embrujaban a Jung, a veces porque hemos bebido o fumado algo estupendo, se abren las puertas que nos separan del fondo de las cosas y conectamos.
Por un instante, todo parece ser como siempre debiera ser, pleno, intenso, gravemente alegre: después se desvanece poco a poco, pero nos queda el ramalazo tonificante de lo que hemos sentido durante ese momento. Y ayuda a vivir, vaya que si ayuda.
Los aficionados a los toros hablan del "pellizco": es un algo más que habilidad o arte que ponen ciertos toreros en las suertes y que transmite a los espectadores el latigazo que el alma siempre espera para lanzarse al ruedo de la vida.
Pero a quien no le gusten los toros no debe preocuparse, porque este pellizco puede conseguirse de muchas otras maneras. Salta con un verso, con una sonrisa o una caricia, al escuchar que alguien dice no o sí justo cuando y como es debido... Es un regalo precioso pero multiforme y quizá no tan raro como suele creerse.
Si no me equivoco, también las emociones que suelen llamarse religiosas con mayor propiedad pertenecen a este género: el de lo que dábamos por muerto pero no lo está y vuelve para traernos más vida.
El pellizco es la salvación momentánea, lo que nos rescata. En uno de sus majestuosos momentos inspirados dice Víctor Hugo que el tigre "lleva su piel marcada por la sombra de la jaula eterna". En esa jaula eterna estamos todos encerrados, fieras y humanos. De vez en cuando llega el pellizco, para que comprendamos por un instante que los barrotes son sólo sombras y que nuestro destino es abierto, como cuanto cubre el resplandor del sol.


Fernando SavaterFilósofo español

martes, 7 de octubre de 2008

VARIACIONES SOBRE EL OLVIDO

El que sigue es un fragmento de este ensayo que abre la colección publicada por el maestro uruguayo en su libro "Perplejidades de fin de siglo". A mi me parece brutalmente honesto.

"El pasado es siempre una morada. Cuando nos mudamos al presente, a veces alimentamos la ilusión de que cerrando aquella casa con tres candados (digamos perdón, la ingratitud o el simple olvido) nos vamos a ver libres de ella para siempre. Sin embargo, no podemos evitar que una parte de nosotros quede allí, coleccionando goces o rencores, transmutando los momificados hechos, en delirios, visiones o pesadillas. Esa parte de nosotros que allí queda nos llama cada tanto, nos hace señales, nos refresca viejas primicias, y todo ello porque es la primera en saber que no nos conviene abandonarla, hacer de cuenta que nunca existió. El olvido es, antes que nada, aquello que queremos olvidar, pero nunca ha sido factor de avance. No podremos llegar a ser vanguardia de nada ni de nadie, ni siquiera de nosotros mismos, si irresponsablemente decidimos que el pasado no existe... Hay una diferencia sustancial entre el amnésico y el olvidador, y entre este y el olvidadizo, que es apenas un precandidato a olvidador. El amnésico ha sufrido una amputación (a veces traumática) del pasado; el olvidador se lo amputa voluntariamente, como esos reclutas que se seccionan un dedo para ser eximidos del servicio militar. El olvidador no olvida porque si, sino por algo, que puede ser culpa o disculpa, pretexto o mala conciencia, pero que siempre es evasión, huida, escape de la responsabilidad. No obstante, el olvidador nunca olvida su objetivo, que es encerrar el pasado (cual si se tratara de desechos nucleares) en un espacio inviolable. El pasado siempre encuentra un modo de abrir la tapa del cofre y asomar su rostro. El amnésico hace a menudo denodados esfuerzos para recuperar su pasado, y a veces lo consigue; el olvidador hace esfuerzos, igualmente denodados, por desprenderse del mismo, pero solo cosecha frustración, ya que nunca logra el pleno olvido. El pasado siempre alcanza a quien reniega de el, ya sea infiltrándose en signos o en gestos, en canciones o pesadillas.Los pueblos nunca son amnésicos. Amnistía no es amnesia. La tradición es un recurso de la memoria colectiva, pero también hay otros. Hay que prohibirse mirar hacia atrás; hay que mirar siempre adelante... Juzgar el pasado no es faena cómoda, pero al menos no es inútil como el olvido. El olvido es un barniz, o incluso la propuesta de una imagen espuria, peor debajo del barniz o la imagen fraudulenta, la realidad finalmente surge.Al prójimo ecuánime y entrañable, que también los hay, no le seduce la retórica del olvido sino las cuentas claras, esas que conservan enemistades. No ignora que tras esa mímica de generosidad, tras ese despilfarro de perdones, tras ese simulacro de justicia, el pasado de veras sigue intacto: con sus principios y sus riesgos, sus frustraciones y sus laureles, sus violetas y sus pavos reales, sus almas en pena y sus almas en gloria. Ocurre que el Pasado es siempre una morada y no hay olvido capaz de demolerla”.

Y para cerrar el tema, el poema que el uruguayo publicó en "Inventario II"

El olvido no es victoria
sobre el mal ni sobre nada
sino la forma callada
de burlarse de la historia
para eso está la memoria
que se abre de par en par
en busca de algún lugar
que devuelva lo perdido.
No olvida quien finge olvido
sino quien puede olvidar.

viernes, 3 de octubre de 2008

VIERNES 7 PM*

Está ahí sentado. Lleva puesta una corbata que no le conocías. Ya es una costumbre eso de utilizar detalles que prueben que, durante este tiempo sin vos, siguió viviendo, renovándose.
Aún no te ha visto. Está ahí sentado tomándose un cortado que parece prometer champú.
Aprovechá estos escasos minutos que te quedan para rever tu decisión.

Al conocerlo todo fue tan maravilloso que no podías creer tu suerte. Demasiado perfecto, idílico. No existía nada que no pudieran consensuar. Y un buen día, ese que está ahí sentado con una corbata nueva te volvió a la realidad con un baldazo de agua helada (en invierno). Con excusas poco coherentes y más huidas que palabras te mostró “el mundo real”, como le gusta decir.
Desaparecido el oasis te hizo conocer el desierto.
Cuando, pasado un tiempo, lograste consolarte (“…siempre se encuentra consuelo…”) (1), cuando lograste acostumbrarte al desierto, Ulises volvió a Ítaca con todo su amor intacto, haciendo resurgir con su barita mágica las palmeras y el agua cristalina. Te convenció, por supuesto. Volviste a las delicias de la novedad con la seguridad de lo conocido. Un buen día, también por supuesto, Ulises volvió a partir. Y a volver. Y a partir. Y a volver. Y a partir… cuántas veces ya?...

Espero estés leyendo esto como prometiste antes de ir a su encuentro.

No, no te escapes, entrá (no te lo pierdas, por favor!!)
Ahora ya te ha visto. Sonreí como siempre, pedile un cortado y dejalo hablar.
Escuchalo bien: otra vez hizo aparecer el oasis, las palmeras, un futuro perfecto, un par de hijos, un perro… pero antes un viaje juntos a ¿la Atlántida?, y al regreso sí, el compromiso eterno… “fuimos tan tontos todo este tiempo separados…” No lo interrumpas, dejalo terminar.
Y cuando llegue tu turno de hablar, encendé un cigarrillo (sí, fumate un cigarrillo!!), terminá tu cortado y bajate a la altura desde la que él te acostumbró a pelear. Quedate con las ganas de mandarlo a la mierda, de decirle que el único tonto es él por haber malgastado lo que pudo ser un AMOR con mayúsculas. Recordá que quien se acostumbra a partir, le toma el gusto al sendero.
Reíte (si podés, a carcajadas; en su cara). Levantate lentamente, estampale un beso y decile con serenidad pero absoluta firmeza “esta vez no, merci beaucoup et bon voyage”, y dejale en la mesa el dinero para tu cortado.

Esta noche probablemente te sientas desolada, pero mañana vas a despertar con la satisfacción de haberle dado una lección, con la tranquilidad de ser vos la arquitecta de tu propio oasis sin permitir que un arbitrario Ulises venga a empañar tu felicidad cuando se le antoje.



*Va para mi amiga que tiene una cita con su ex, pero es válido para todas aquellas “Penélopes” que, como yo (a qué negarlo?!), son adictas a la reincidencia.
(1) SAIN EXUPERY, Antoine: en “El principito”; Emecé editores; Bs. As; 1987; página 88.

BELLEZA AMERICANA!

En estos días escuché comentarios de lo más diversos acerca de la crisis que atraviesan los Yankees. Están los que se mueren de risa porque “por fin les tocó a ellos”, los tibios que no lo dicen pero a solas descorchan Dom Perignon, incluso quienes lo lamentan porque consideran que las consecuencias no las padece Bush ni el gobierno sino los “pobres” (¿?) ciudadanos estadounidenses, la gente común…

A ver: pongamos algo en claro: el gobierno estadounidense es un producto de su sociedad; eso de que “cada pueblo tiene el gobierno que se merece” no se aplica sólo a nosotros. Toda sociedad es la suma de sus componentes, y ellos son como sociedad el reflejo de lo que son individualmente, de ahí los gobernantes que supieron conseguir.

Nos venden la propaganda de ser lo más democráticos del mundo, y en cierto punto debo reconocer que lo son, dado que una democracia es el “gobierno del pueblo” y ellos tiene el gobierno que como pueblo los representa.

No seamos ingenuos. No creamos que los que salieron a reprobar las acciones bélicas de Bush están realmente preocupados por el resto del mundo. No olvidemos que en las elecciones posteriores volvieron a elegirlo.

Cuando llegan las elecciones, dado que no son obligatorias, van a votar aquellos que tienen serios intereses económicos que pueden verse afectados por el resultado, el resto, los que dicen estar contra esa política y deberían ir a votar para dar el batacazo se queda en casa viendo la transmisión de la final de la Liga.

Escuché a un argentino (bue, el gentilicio le va muy grande y no lo merece) radicado allí hace años decir que, a excepción de algún estado muy politizado, en EEUU “no se escucha al ciudadano común hablar de política, les preocupan otras cosas”. Cuales? El confort en primer lugar. El resto, lo que le pase al vecino les chupa bien un huevo. Son así. Viven en guerras que inventan a fin de perpetrar su poderío, pero siempre “van a cagar a casa de otra gente”(1).

A mi sí me gusta que les pase a ellos. No tengo demasiadas nociones de macroeconomía como para vislumbrar la repercusión mundial que pueda tener su crisis, pero no voy a ser hipócrita negando que me gusta que esta vez la realidad les haya tocado el culo sin que puedan tirar la culpa para el costado, echársela a otros e ir a bombardear a nadie; me gusta que Dios, que como buen padre tiene métodos de educación, les haya dado un buen reto hace 7 años, luego los haya sacudido reiteradas veces con sus huracanes y desastres naturales y ahora les de este cachetazo a ver si empiezan a comportarse como corresponde. Si lo hace con todos y cada uno de nosotros cuando nos pasamos de la raya, por qué pensaron que no lo haría con ellos?
Históricamente todos los grandes imperios cayeron, con más o menos ruido.

A los cobardes y negadores que se fueron para allá y viven como sudacas de décima porque no se bancaron pelearla acá, los prefiero allá. Cuando el barco se hunde las primeras que huyen son las ratas (2). Espero que ahora no se les ocurra huir para este lado porque no sirven para construir el país con el que sueño que, con todos sus errores, aún conoce y siente el significado de la palabra solidaridad (al punto de sentir pena por ellos, por Dios!!! Yo, lo admito, no soy tan buena).

Hoy más que nunca tengo presente cada palabra del poema increíble de Mario Benedetti que, con su voz, popularizó el Nano. Lo transcribo a continuación para aquellos que aún no lo conocen y refrescárselo a los que si.


Con su ritual de acero
sus grandes chimeneas
sus sabios clandestinos
su canto de sirena
sus cielos de neón
sus ventas navideñas
su culto de Dios Padrey de las charreteras
con sus llaves del reino
el Norte es el que ordena
pero aquí abajo, abajo
el hambre disponible
recurre al fruto amargo
de lo que otros deciden
mientras el tiempo pasa
y pasan los desfiles
y se hacen otras cosas
que el Norte no prohibe.
Con su esperanza dura
el Sur también existe.
Con sus predicadores
sus gases que envenenan
su escuela de Chicago
sus dueños de la tierra
con sus trapos de lujo
y su pobre osamenta
sus defensas gastadas
sus gastos de defensa
Con su gesta invasora
el Norte es el que ordena.
Pero aquí abajo, abajo
cada uno en su escondite
ay hombres y mujeres
que saben a qué asirse
aprovechando el sol
y también los eclipses
apartando lo inútil
y usando lo que sirve.
Con su fe veterana
el Sur también existe.
Con su corno francés
y su academia sueca
su salsa americana
y sus llaves inglesas
con todos sus misiles
y sus enciclopedias
su guerra de galaxias
y su saña opulenta
con todos sus laureles
el Norte es el que ordena.
Pero aquí abajo, abajo
cerca de las raíces
es donde la memoria
ningún recuerdo omite
y hay quienes se desmueren
y hay quienes se desviven
y así entre todos logran
lo que era un imposible
que todo el mundo sepa
que el Sur,
el Sur también existe.

(1)SERRAT, Joan Manuel; en “Algo personal”; de su álbum “Cada loco con su tema” y versión en vivo en su álbum “En directo”.
(2)Tío Pablo dixit
(3)BENEDETTI, Mario; en “Inventario II”; Ed. Sudamericana; Bs.As. y SERRAT, Joan Manuel en su álbum “El sur también existe”.