“(…) Todos los idiomas derivados del latín forman la palabra “compasión” con el prefijo “com” y la palabra passio, que significaba originalmente “padecimiento”. Esta palabra se traduce a otros idiomas, por ejemplo al checo, al polaco, al alemán, al sueco, mediante un sustantivo compuesto de un prefijo del mismo significado, seguido de la palabra “sentimiento”; en checo: sou-cit; en polaco: wspól-czucie; en alemán: Mit-gefühl; en sueco: med-känsla.
En los idiomas derivados del latín, la palabra “compasión” significa: no podemos mirar impertérritos el sufrimiento del otro; o: participamos de los sentimientos de aquel que sufre. En otra palabra, en la francesa pitié (en la inglesa pity, en la italiana pietà, etc.), que tiene aproximadamente el mismo significado, se nota incluso cierta indulgencia hacia aquel que sufre. Avoir de la pitié pour une femme significa que nuestra situación es mejor que la de la mujer, que nos inclinamos hacia ella, que nos rebajamos.
Este es el motivo por el que la palabra “compasión” o “piedad” produce desconfianza; parece que se refiere a un sentimiento malo, secundario, que no tiene mucho en común con el amor. Querer a alguien por compasión significa no quererlo de verdad.
En os idiomas que no forman la palabra “compasión” a partir de la raíz del “padecimiento” (passio), sino del sustantivo “sentimiento”, estas palabras se utilizan aproximadamente en el mismo sentido; sin embargo, es imposible afirmar que se refieran a un sentimiento secundario, malo. El secreto poder de su etimología ilumina la palabra con otra luz y le da un significado más amplio: tener compasión significa saber vivir con el otro su desgracia, pero también sentir con él cualquier otro sentimiento: alegría, angustia, felicidad, dolor. Esta compasión (en el sentido de wspólczucie, Mitgefühl, medkänsla) significa también la máxima capacidad de imaginación sensible, el arte de la telepatía sensible; es en la jerarquía de los sentimientos el sentimiento más elevado.(…).” (1)
Existen dos tipos de silencio.
El silencio-ausencia de sonidos, que resulta prácticamente imposible toda vez que, encerrados en una habitación con aislación sonora y conteniendo la respiración, aún oiríamos el latido de nuestro corazón.
El otro silencio es la ausencia de palabras. Es un silencio asociado indistintamente a los sentimientos más maravillosos y más aterradores que puede experimentar el ser humano; esos a los que la humanidad aún no ha puesto nombre, tal vez por lo hondo que calan en el alma.
En cualquier caso, como consecuencia de un sentimiento hermoso o de uno aterrador, el silencio-ausencia de palabras genera impotencia. Impotencia al no lograr exteriorizarlo. Impotencia por quedarse sin palabras. Impotencia que se convierte en carga; y pesa mucho. Demasiado.
En estos días el horror me dejó sin palabras para exteriorizar el sentimiento. No la encontré. No sé si existe. Pero recordé a Kundera reivindicando con claridad una palabra a la que suele atribuirse connotación negativa y, sin embargo, es la única que puede dar una idea de lo que siento. Nada más.
(1) KUNDERA, Milan: “La insoportable levedad del ser”; Tusquets Editores; Buenos Aires; 2007; páginas 28/29
En los idiomas derivados del latín, la palabra “compasión” significa: no podemos mirar impertérritos el sufrimiento del otro; o: participamos de los sentimientos de aquel que sufre. En otra palabra, en la francesa pitié (en la inglesa pity, en la italiana pietà, etc.), que tiene aproximadamente el mismo significado, se nota incluso cierta indulgencia hacia aquel que sufre. Avoir de la pitié pour une femme significa que nuestra situación es mejor que la de la mujer, que nos inclinamos hacia ella, que nos rebajamos.
Este es el motivo por el que la palabra “compasión” o “piedad” produce desconfianza; parece que se refiere a un sentimiento malo, secundario, que no tiene mucho en común con el amor. Querer a alguien por compasión significa no quererlo de verdad.
En os idiomas que no forman la palabra “compasión” a partir de la raíz del “padecimiento” (passio), sino del sustantivo “sentimiento”, estas palabras se utilizan aproximadamente en el mismo sentido; sin embargo, es imposible afirmar que se refieran a un sentimiento secundario, malo. El secreto poder de su etimología ilumina la palabra con otra luz y le da un significado más amplio: tener compasión significa saber vivir con el otro su desgracia, pero también sentir con él cualquier otro sentimiento: alegría, angustia, felicidad, dolor. Esta compasión (en el sentido de wspólczucie, Mitgefühl, medkänsla) significa también la máxima capacidad de imaginación sensible, el arte de la telepatía sensible; es en la jerarquía de los sentimientos el sentimiento más elevado.(…).” (1)
Existen dos tipos de silencio.
El silencio-ausencia de sonidos, que resulta prácticamente imposible toda vez que, encerrados en una habitación con aislación sonora y conteniendo la respiración, aún oiríamos el latido de nuestro corazón.
El otro silencio es la ausencia de palabras. Es un silencio asociado indistintamente a los sentimientos más maravillosos y más aterradores que puede experimentar el ser humano; esos a los que la humanidad aún no ha puesto nombre, tal vez por lo hondo que calan en el alma.
En cualquier caso, como consecuencia de un sentimiento hermoso o de uno aterrador, el silencio-ausencia de palabras genera impotencia. Impotencia al no lograr exteriorizarlo. Impotencia por quedarse sin palabras. Impotencia que se convierte en carga; y pesa mucho. Demasiado.
En estos días el horror me dejó sin palabras para exteriorizar el sentimiento. No la encontré. No sé si existe. Pero recordé a Kundera reivindicando con claridad una palabra a la que suele atribuirse connotación negativa y, sin embargo, es la única que puede dar una idea de lo que siento. Nada más.
(1) KUNDERA, Milan: “La insoportable levedad del ser”; Tusquets Editores; Buenos Aires; 2007; páginas 28/29
