No conozco a una sola persona que cuando menciono a Woody Allen no diga sentir un rechazo que podría definirse como físico hacia su persona, y que los lleva a resistirse a ver sus películas por esa cuestión de ¿piel?. De hecho, hasta los 25 años fui víctima de esa sensación.Gracias a la Divina Providencia, con quien tengo una probada complicidad (parafraseando a Gabo (1)), cierta noche, viendo en el cine los avances de “Ladrones de medio pelo” me obligué a ver ese film de Woody en cuanto se estrenara, porque en esos cinco minutos de avances logró hacerme reír infinitamente.
Resultado: amor a primera vista.
Sí, es feo, desalineado, de aspecto enfermizo, dueño de una dicción capaz de exasperar a una ostra… pero es talento puro, ingenio, inteligencia, humor, ironía… arte en movimiento. Arte en carne y huesos.
Desde su camarita traviesa que se asemeja más a la de un aficionado haciendo tomas caseras sin cortes, sin cambio de cámara para un plano, con ese zoom maravilloso, hasta la musiquita inconfundible de los títulos y créditos que basta para saber desde los primeros acordes y al pasar que “esto es Woody Allen”, y dejar de lado el mando a distancia del tele cuando por casualidad engancho alguna de sus pelis en el cable.
Con sus tartamudeos, su reírse de sí mismo, su auto ridiculización, sus diálogos descabellados, su simpleza, ver Woody es como ir a ver ballet: uno se sienta en la butaca y sólo disfruta, sólo se relaja y saborea. Nada de meditaciones, de interpretaciones, de buscarle la quinta pata al gato. Es lo que hay. Es lo que se ve.
Todas las películas de Allen duran cinco minutos, porque aunque duren los noventa de rigor, él logra que se deslicen a velocidad de la luz. Su dinamismo lleva a perder la noción del tiempo, y al igual que el ballet tiene un efecto sedante. Serán las endorfinas liberadas a través de la risa?? No sé, pero sí sé que Dios puso su barita mágica en este hombrecillo dotándolo del talento capaz de romper más de un corazón femenino (descarto que lo elijan por la belleza). Y como si eso fuera poco, es de los que hay que leer (2), porque también sus historias en papel son geniales.
En lo personal, Woody es al cine lo que Gabo a la literatura (y que yo diga esto no es poco…), y nadie debe morirse sin haber visto al menos una se sus películas.
Sí, es feo, desalineado, de aspecto enfermizo, dueño de una dicción capaz de exasperar a una ostra… pero es talento puro, ingenio, inteligencia, humor, ironía… arte en movimiento. Arte en carne y huesos.
Desde su camarita traviesa que se asemeja más a la de un aficionado haciendo tomas caseras sin cortes, sin cambio de cámara para un plano, con ese zoom maravilloso, hasta la musiquita inconfundible de los títulos y créditos que basta para saber desde los primeros acordes y al pasar que “esto es Woody Allen”, y dejar de lado el mando a distancia del tele cuando por casualidad engancho alguna de sus pelis en el cable.
Con sus tartamudeos, su reírse de sí mismo, su auto ridiculización, sus diálogos descabellados, su simpleza, ver Woody es como ir a ver ballet: uno se sienta en la butaca y sólo disfruta, sólo se relaja y saborea. Nada de meditaciones, de interpretaciones, de buscarle la quinta pata al gato. Es lo que hay. Es lo que se ve.
Todas las películas de Allen duran cinco minutos, porque aunque duren los noventa de rigor, él logra que se deslicen a velocidad de la luz. Su dinamismo lleva a perder la noción del tiempo, y al igual que el ballet tiene un efecto sedante. Serán las endorfinas liberadas a través de la risa?? No sé, pero sí sé que Dios puso su barita mágica en este hombrecillo dotándolo del talento capaz de romper más de un corazón femenino (descarto que lo elijan por la belleza). Y como si eso fuera poco, es de los que hay que leer (2), porque también sus historias en papel son geniales.
En lo personal, Woody es al cine lo que Gabo a la literatura (y que yo diga esto no es poco…), y nadie debe morirse sin haber visto al menos una se sus películas.
(1) GARCIA MARQUEZ, Gabriel: El amor en los tiempos del cólera”, RBA Editores S.A., 1993, página 294.-
(2) Ver en Etiqueta: LOS QUE HAY QUE LEER: PURA ANARQUIA-Woody Allen.

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