viernes, 3 de octubre de 2008

VIERNES 7 PM*

Está ahí sentado. Lleva puesta una corbata que no le conocías. Ya es una costumbre eso de utilizar detalles que prueben que, durante este tiempo sin vos, siguió viviendo, renovándose.
Aún no te ha visto. Está ahí sentado tomándose un cortado que parece prometer champú.
Aprovechá estos escasos minutos que te quedan para rever tu decisión.

Al conocerlo todo fue tan maravilloso que no podías creer tu suerte. Demasiado perfecto, idílico. No existía nada que no pudieran consensuar. Y un buen día, ese que está ahí sentado con una corbata nueva te volvió a la realidad con un baldazo de agua helada (en invierno). Con excusas poco coherentes y más huidas que palabras te mostró “el mundo real”, como le gusta decir.
Desaparecido el oasis te hizo conocer el desierto.
Cuando, pasado un tiempo, lograste consolarte (“…siempre se encuentra consuelo…”) (1), cuando lograste acostumbrarte al desierto, Ulises volvió a Ítaca con todo su amor intacto, haciendo resurgir con su barita mágica las palmeras y el agua cristalina. Te convenció, por supuesto. Volviste a las delicias de la novedad con la seguridad de lo conocido. Un buen día, también por supuesto, Ulises volvió a partir. Y a volver. Y a partir. Y a volver. Y a partir… cuántas veces ya?...

Espero estés leyendo esto como prometiste antes de ir a su encuentro.

No, no te escapes, entrá (no te lo pierdas, por favor!!)
Ahora ya te ha visto. Sonreí como siempre, pedile un cortado y dejalo hablar.
Escuchalo bien: otra vez hizo aparecer el oasis, las palmeras, un futuro perfecto, un par de hijos, un perro… pero antes un viaje juntos a ¿la Atlántida?, y al regreso sí, el compromiso eterno… “fuimos tan tontos todo este tiempo separados…” No lo interrumpas, dejalo terminar.
Y cuando llegue tu turno de hablar, encendé un cigarrillo (sí, fumate un cigarrillo!!), terminá tu cortado y bajate a la altura desde la que él te acostumbró a pelear. Quedate con las ganas de mandarlo a la mierda, de decirle que el único tonto es él por haber malgastado lo que pudo ser un AMOR con mayúsculas. Recordá que quien se acostumbra a partir, le toma el gusto al sendero.
Reíte (si podés, a carcajadas; en su cara). Levantate lentamente, estampale un beso y decile con serenidad pero absoluta firmeza “esta vez no, merci beaucoup et bon voyage”, y dejale en la mesa el dinero para tu cortado.

Esta noche probablemente te sientas desolada, pero mañana vas a despertar con la satisfacción de haberle dado una lección, con la tranquilidad de ser vos la arquitecta de tu propio oasis sin permitir que un arbitrario Ulises venga a empañar tu felicidad cuando se le antoje.



*Va para mi amiga que tiene una cita con su ex, pero es válido para todas aquellas “Penélopes” que, como yo (a qué negarlo?!), son adictas a la reincidencia.
(1) SAIN EXUPERY, Antoine: en “El principito”; Emecé editores; Bs. As; 1987; página 88.

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