domingo, 17 de agosto de 2008

UN REGALO DE ANAHÍ

Ayer, ordenando papeles, encontre un cuento que hace varios años me regaló mi amiga Anahí. Me sorprendió porque estos últimos días andaba con un asunto en la cabeza y este escrito me ayudo a tomar una decisión.
Espero que lo disfruten y recuerden; algún día puede serles de utilidad.

Una bella princesa estaba buscando consorte...Entre los candidatos se encontraba un joven plebeyo, que no tenía más riquezas que amor y perseverancia.
Cuando le llegó el momento de hablar, dijo:Princesa, te he amado toda mi vida. Como soy un hombre pobre y no tengo tesoros para darte, te ofrezco mi sacrificio como prueba de amor. Estaré cien días sentado bajo tu ventana, sin más alimentos que la lluvia y sin más ropas que las que llevo puestas. Ésa es mi dote-.
La princesa, conmovida por semejante gesto de amor, decidió aceptar -Tendrás tu oportunidad, si pasas la prueba, me desposarás-.
Así pasaron las horas y los días. El pretendiente estuvo sentado, soportando los vientos, la nieve y las noches heladas. Sin pestañear, con la vista fija en el balcón de su amada, el valiente vasallo siguió firme en su empeño, sin desfallecer un momento. De vez en cuando la cortina de la ventana real dejaba traslucir la esbelta figura de la princesa, la cual, con un noble gesto y una sonrisa, aprobaba la faena. Todo iba a las mil maravillas. Incluso algunos optimistas habían comenzado a planear los festejos.
Al llegar el día noventa y nueve, los pobladores de la zona habían salido a animar al próximo monarca. Todo era alegría y jolgorio, hasta que de pronto, cuando faltaba una hora para cumplirse el plazo, ante la mirada atónita de los asistentes y la perplejidad de la infanta, el joven se levantó y sin dar explicación alguna, se alejó lentamente del lugar.
Unas semanas después, mientras deambulaba por un solitario camino, un niño de la comarca lo alcanzó y le preguntó a quemarropa -¿Qué fue lo que te ocurrió?, estabas a un paso de lograr la meta, ¿por qué perdiste esa oportunidad? ¿por qué te retiraste?-. Con profunda consternación y algunas lágrimas mal disimuladas, contestó en voz baja -NO me ahorró ni un día de sufrimiento, ni siquiera una hora, No merecía mi amor...



El merecimiento no es egolatría. Cuando abrimos el corazón y damos lo mejor de nosotros merecemos al menos consideración.
Cuando alguien desprecia lo que brindamos y nos hiere, esa persona no se hace merecedora de nuestro afecto.
La ecuación es simple: si no me siento bien en un lugar, empaco y me voy. Nadie debe quedarse esperando agradar o acomodando sus conductas a lo que el otro desea.
En cualquier tipo de relación que tengas: parejas, amistades, familia, sui generis, no te merece quien no te valore, y menos aún quien te lastime. Y si alguien que te valora te hiere reiteradamente sin intención, puede que te merezca... pero no te conviene.
Dejate seducir por quien te haga reír, pero enamorate de quien no te haga llorar.

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