“(…) Camino: franja de tierra por la que se va a pie. La carretera se diferencia del camino no sólo porque por ella se va en coche, sino porque no es más que una línea que une un punto a otro. La carretera no tiene su sentido en sí misma; el sentido sólo lo tienen lo dos puntos que une. El camino es un elogio del espacio. Cada tramo del camino tiene sentido en sí mismo y nos invita a detenernos. La carretera es la victoriosa desvalorización del espacio, que gracias a ella no es hoy más que un simple obstáculo para el movimiento humano y una pérdida de tiempo.
Antes que los caminos desaparecieran del paisaje, desaparecieron del alma humana: el hombre perdió el deseo de andar, de caminar con sus propias piernas y disfrutar de ello. Ya ni siquiera veía su vida como un camino, sino como una carretera: una línea que va de un punto a otro punto, del grado de capitan al grado de general, de la función de esposa a la función de viuda. El tiempo de la vida se convirtió para él en un simple obstáculo que hay que superar a velocidades cada vez mayores. (…)”
Este pasaje pertenece a un capítulo de “La inmortalidad”, la novela de Milan Kundera que acabo de devorar.
Hace un año conocí a este escritor a traves de “La insoportable levedad del ser” (1) y desde entonces he leído todo lo que pude conseguir de su autoría. Para mi es un escritor que rompió el molde.
Como diría mi poissonnier favorito, “siempre es bueno encontrar personas que piensen como uno”. Con Kundera me sucede todo el tiempo.
KUNDERA, Milan: “La inmortalidad”; Tusquets Editores, Barcelona 1990, página 267.-
(1) Ver: “La insoportable levedad del ser” en etiqueta LOS QUE HAY QUE LEER.
jueves, 21 de agosto de 2008
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