Así como existen naciones que necesitan de la guerra para subsistir porque sociológicamente se han formado así, existen personas que no pueden vivir sin estar en “guerra” con alguien. Si no es un amigo (ex-amigo) es un vecino, si no algún pariente; un jefe, un compañero de trabajo... No conciben estar en paz.
Mi teoría (compartida con amigos en largas conversaciones) es que dichas personas en realidad no están en paz consigo mismas, pero resulta demasiado abrumador hacerse cargo de eso y por tanto tiran la culpa hacia el costado. Pagar un psiquiatra les duele en el alma, por eso torturan a quienes las rodean.
La peor parte es que en su psicosis no logran ver que el resto, los demás, no funcionamos así, que lo que ellas hacen no es “lo normal” (dentro de lo que podemos llamar “normalidad” media, porque hay que admitir que todos somos un poquito anormales, no?).
Esas personas tienen una soberbia tan enquistada que no entienden (o no les interesa entender) que nadie vino al mundo para hacerles de pseudo-psicólogo, para pasarse horas y horas escuchando sus monólogos de dramas inventados, problemas inexistentes, conflictos auto-generados.
En su locura creen que los demás tienen su mismo “modus operandi” y están pendientes de qué hacen o dicen personas que las enterraron en el olvido para salirle al cruce.
La realidad es que los demás las dejan atrás y siguen con su vida que en más o en menos, tiene problemas reales y concretos, mayores o menores, pero problemas que ameritan “hacerse problema” y buscar la solución.
Ven como traición que los demás no odien a quienes ellas odian, o el hecho de que los allegados se harten de su rosario de querellas porque el egoísmo les impide darse cuenta que la amistad es otra cosa, la amistad no es acercarse a alguien porque tiene un familiar enfermo o porque se le incendió el rancho, la amistad no es tomar a otro de confesor para relatar una y otra vez en forma obsesiva sus historias paranoicas sin preguntarle ni una vez “vos estás bien?” y obligarlo a escuchar hasta las 3 de la mañana de un martes (sin advertir que los demás tenemos horarios normales, madrugamos y no nos empastillamos crónicamente para dormir y despertar) persecuciones cinematográficas que llevan a cabo diariamente porque ya forman parte de su rutina y sin ellas su vida es un vacío “de media noche a media noche” , como dice Marce.
Luego no entienden que esos allegados se conviertan en “alejados” porque se les agotó la paciencia, hartos de no poder conciliar el sueño por el dolor de cabeza y la carga negativa que dejaban en el aire.
Nadie se atreve a decírselo porque, en los casos de mayor gravedad, son personas violentas y con tal carga de agresividad que contradecirlas implica poner en riesgo la integridad física, y porque “no hay ser humano que le eche una mano a quien no se quiere dejar ayudar” (1).
Coincido con Gabriel en que el problema que tienen es no tener problemas, por eso se los inventan y van por la vida con su actitud bélica contra todo aquel que no comulgue con sus delirios persecutorios, o esté dispuesto a escuchar su ensañamiento con la víctima de turno.
“(…) Los odios vivifican y estimulan sólo si es uno quien los gobierna; destruyen y desajustan cuando son ellos los que nos dominan. (…) (2)
(1) SABINA, Joaquín: en su tema “Conductores suicidas” del álbum “Física y química”
(2) BENEDETTI, Mario: en “Primavera con una esquina rota”; Editorial Nueva Imagen S.R.L.; Buenos Aires, 1989; página102.-
miércoles, 17 de diciembre de 2008
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