AHORA ENTIENDO A PAPÁ…
“(…)…el hombre encorvado encima de su moto no puede concentrarse sino en el instante presente de su vuelo; se aferra a un fragmento de tiempo desgajado del pasado y del porvenir; ha sido arrancado a la continuidad del tiempo; está fuera del tiempo; dicho de otra manera, está en estado de éxtasis; en este estado, no sabe nada de su edad, nada de su mujer, nada de sus hijos, nada de sus preocupaciones y, por lo tanto, no tiene miedo, porque la fuente del miedo está en el porvenir, y el que se libera del porvenir no tiene nada que temer.
La velocidad es la forma de éxtasis que la revolución técnica ha brindado al hombre. Contrariamente al que va en moto, el que corre a pie está siempre presente en su cuerpo, permanentemente obligado a pensar en sus ampollas, en su jadeo; cuando corre siente su peso, su edad, consciente más que nunca de sí mismo y del tiempo de su vida. Todo cambia cuando el hombre delega la facultad de ser veloz a una máquina: a partir de entonces, su propio cuerpo queda fuera de juego y se entrega a una velocidad que es incorporal, inmaterial, pura velocidad, velocidad en sí misma, velocidad éxtasis. (…)”
KUNDERA, Milan: “La lentitud”; Tusquets Editores; Buenos Aires; 2006; página 10.-
MILANKU, QUIÉN MÁS?
“(…) No se arranca fácilmente una espina. Se puede controlar el dolor, reprimirlo, simular que ya no se piensa en él, pero esa misma simulación es ya un esfuerzo. (…)”.
KUNDERA, Milan: “La lentitud”; Tusquets Editores; Buenos Aires; 2006; páginas 98/99.-
“(…) Un proverbio checo define la dulce ociosidad mediante una metáfora: contemplar las ventanas de Dios. Los que contemplan las ventanas de Dios no se aburren; son felices. (…)”
KUNDERA, Milan: “La lentitud”; Tusquets Editores; Buenos Aires; 2006; página 11/12.-
martes, 28 de abril de 2009
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