Tras varios intentos frustrado de mantener alguna planta viva en mi balcón (decir que se me secó el aloe vera basta para dar una idea de mi pésima relación con estos seres vivos), opté por comprar unos tulipanes amarillos divinos, absolutamente artificiales, pero tan bien logrados que nadie notaba ese detalle a menos que yo lo resaltara.
Los coloqué en preciosos maceteritos de zinc en el dintel de la ventana de mi cocina, que da al balcón.
Dado que los maceteros eran un poco profundos para el tamaño de los tulipanes, coloqué en el fondo papel de diario. Así logré que los tulipanes con sus hojas asomaran unos pocos centímetros por encima del borde de los maceteros, consiguiendo el efecto visual deseado.
Luego de un tiempo y para quitar el polvillo que se depositó en las flores, las lavé, y volví a colocarlas de la manera descripta supra.
Pasados unos meses más, volví a lavarlas. Cuando estuvieron secas, las coloqué en los maceteros y advertí con asombro que los tulipanes sobresalían del borde uno o dos centímetros más que cuando los compré. Supuse que era mi imaginación, retiré el papel que había colocado en el fondo para alzarlos y así los dejé.
Con el correr de los días, una mañana en que preparaba el café con leche, miré mis tulipanes adorados y observé que seguían sobresaliendo de los maceteros un poco más de lo original. Con suma preocupación (por estar tan loca) y asombro (por el milagro) le hice el comentario a Juliana mientras hacíamos shopping. Ella me miró con una sonrisa compasiva de “Flor, vamos a tener que internarte” y dijo que en cuanto llegáramos a casa comprobaría que era mi imaginación.
Bien: llegamos a mi casa, se dirigió al balcón y casi le da un ataque al notar, no sin asombro, que no se trataba de mi imaginación o demencia. Los tulipanes estaban más altos; en otras palabras, las flores naturales se me secan, pero me crecieron los tulipanes (artificiales).
Dado que dichas flores estaban insertadas en tacos de tierra que apenas se veían, envueltos en las misma hojas, mi explicación racional fue que seguramente esas porciones de tierra tendrían restos orgánicos (raíces), que crecieron abultando la tierra, y por eso los tulipanes quedaron más altos. Pero no podíamos quedarnos con la duda (además mi teoría se oía bastante inverosímil).
Tomamos uno de los maceteros, y al igual que en la infancia en que decapitaba a todas las muñecas para verles el cerebro por dentro, despegamos una de las hojas de los tulipanes del taco de tierra para develar el misterio.
JAJAJAJAJA!!! Los tacos de tierra eran una fina capa de un centímetro que cubría una base de tergopol!!! Al mojarse con los lavados, el tergopol se hinchó elevándose algunos centímetros, dando como resultado el misterioso crecimiento de mis tulipanes artificiales.
Recordé algo que leí una vez en un libro de Coehlo (sí, Coehlo, para criticar a un escritos, primero hay que leerlo!!): “cuando quieras conocer alguna cosa, zambúllete en ella”.-
lunes, 24 de noviembre de 2008
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